En distintas ocasiones el cine ha sido calificado como un invento del demonio, por la iglesia y por la religión de la misma forma que el juicio que cayó sobre Galileo Galilei cuando fue obligado por la Iglesia Católica a retractarse de su teoría heliocéntrica donde se reconocía que los planetas giraban alrededor del sol, pasaron tres siglos para que el Papa Juan Pablo II pidiera perdón por los posibles errores que la Iglesia cometió en su tiempo.

Los intereses de la iglesia católica por el poder han hecho que se manipule la fé de sus feligreses a través de la historia,  por eso en su momento  se clasificó como demoníaco el dispositivo cinematográfico por su capacidad de manipular el espacio y el tiempo y se levantaba como opositor de la concepción de estabilidad que encarnaba la Religión y Dios, por otra parte la masificación de este nuevo invento también daba lugar a la diversidad del conocimiento debido a su fácil transportación lo cual también suponía un problema.

Es por ello que a principios del siglo XX la idea de el cine captó la atención de las autoridades eclesiásticas, las cuales comenzaron a verlo como un peligro para la doctrina católica por su grado de popularidad, auge y expansión, como un espectáculo que buscaba disolver de la moral de la Iglesia, y como un medio de difusión e inculcación en la sociedad de actitudes e ideas contrarias a los postulados evangélicos.

En el siglo XX, los medios más populares y expansivos fueron la prensa y el cine, siendo el cine el espectáculo público más accesible por las grandes masas populares analfabetas, volviéndose multitudinarias a nivel mundial; el cine sonoro toma más fuerza y generó temor a la iglesia ya que la sonoridad reforzaba la expansión de ideas y pensamientos por todo el mundo, en 1936 Pío XI, el máximo representante de la jerarquía eclesiástica, a través de un documento público, sintetizó de manera exclusiva el pensamiento de la Iglesia frente los peligros del cinematógrafo e introdujo las directrices a seguir para establecer en el mundo entero (entiéndase el mundo católico) la vigilancia al cine, teniendo como punto de partida Hollywood, una de las industrias más importantes y expansivas.

En Colombia entre 1936 y 1955 se aplicaron censuras de tipo oficial y moral, siendo la censura moral la que contó con un soporte doctrinal y orgánico más coherente y estructurado que le permitió aplicar políticas más claras y organizadas.

Dando fin a la proliferación de juntas existentes sin articulación de vigilancia por las autoridades regionales el 22 de junio de 1955 bajo el mandato del Presidente General Rojas Pinilla se decretó la creación de la primera Junta de censura de jurisdicción nacional, cuyo fin es la clasificación de las películas por rango de edades para permitir o no su exhibición en el territorio al público en general.

La censura moral realizada por la Iglesia (en este caso la Iglesia católica), por su lado, contó con un soporte normativo e ideológico unificado para el mundo católico a través de encíclicas y documentos pontificios y arzobispales, los cuales daban cuenta de las acciones que debían llevarse a cabo, está tiene jurisdicción sobre el mundo católico, está legitimada por las leyes de Dios, es decir por el derecho divino y tiene por objetivo la clasificación de las películas por rango de edades para sugerir o advertir al público católico sobre las consecuencias del cine.

La relación entre religión y el séptimo arte es la representación de las principales tradiciones espirituales, en sentido positivo y negativo. El cinema de La Távola Santa abre espacios a la sociedad y a través de la pantalla gigante permite la divulgación de la manifestación del cine en la trascendencia de la religión.

 

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